THE SPIRIT OF RADIO

Hacer un programa de radio musical requiere tiempo. El tiempo es la denominación más importante que existe en nuestra era y, sin embargo, la malgastamos persiguiendo el dinero. En especial en la radio comercial. 

Como es tan importante el dinero para la sociedad actual, el propósito de la radio como una comunicadora efectiva de cosas bonitas, musicalmente hablando, se embolata en la distracción de facturar.

Cuando se pasa un buen tiempo en la radio, se nos olvida la preparación que implica trabajar un programa de radio musical. Generalmente no requiere mucho tiempo, dependiendo de la intensidad horaria del programa. En mi caso, un programa de radio de 15 horas semanales me toma en realidad 30, porque llegar a poner música y a leer menciones es muy fácil, y aunque la improvisación ha sido siempre la reina de la radio colombiana, y ésta se ha destacado primordialmente por la forma como el talento de radio aborda con su talento dicha improvisación, no estamos ya en épocas de improvisar.

No. La radio TIENE que ser primero. No existe otra opción. No la tenemos. Cuando muchos arrancamos en este oficio, la preocupación era la misma que la de hoy: ¿cuánto tiempo nos oye el oyente, y cómo hacemos para que se quede por encima del promedio de escucha?

Esa premisa, el “time spent listening”, es algo que se ve amenazadísimo en la actualidad por la aparición del “social”, donde la gente oye 20, 30 segundos de una canción y satisface así la necesidad musical del día.

Esos 20 o 30 segundos de atención, hace unos años, eran 12, 15 minutos. Ya no existen esos 15 minutos en la cabeza del oyente.

La curaduría es, pues, esencial en la radio actual. Destruido por completo el modelo del “Top 40” gracias a Drake, Bieber y Sheeran, la radio no se puede dar el lujo ni de: poner la misma música de siempre, ni de mucho menos hablar más de la cuenta.

El discjockey vuelve a ser importante porque TIENE que preparar el turno. Es imposible hacer una entrevista de 40 minutos en prime time y considerar exitosa la gestión. La gente quiere oír música. Y la música tiene que estar escogida para que la gente sienta que se hizo el trabajo.

Ahora, la importancia de la selección musical NO es la importancia del discjockey. Quiero decir que fácilmente caemos en la trampa de creernos especiales por estar al frente de un micrófono porque somos nosotros. No es tal el caso. El ego, que siempre debe estar saludable en la mente y el alma del discjockey, es una trampa fácil cuando crees que te escuchan por quien eres. No: la gente te escucha porque cree en tu capacidad de conducirlos a buen puerto en cualquier instancia de sus vidas.

La playlist, dominatriz absoluta de nuestro tiempo moderno, y otrora gran corruptora de nuestra pasión musical, se muda hacia las redes, porque la radio hace lo de siempre: la “formulita”, que en realidad, no es una fórmula, sino una excusa para que un vendedor venda.

Y la radio NO es de quien la vende. Con el profundo respeto por aquellos buenos vendedores de la misma, que cada vez son más pocos. La radio es de quien la hace, de su relación con quienes la oyen, y la música es la protagonista.

Tenemos responsabilidades comerciales en la radio, por supuesto. Tenemos que comer. Pero una cosa es ganarse el pan de cada día, y otra muy distinta que los comités de radio, los departamentos comerciales, las marcas y las agencias dicten el camino que ha de seguirse en las programaciones musicales.

La radio musical es hoy un oficio de equilibristas. Nos mantenemos al borde del despido y del éxito. Entre ese equilibrio está la labor del “selector”: aquella que conduce a buen puerto emocional las mañanas, mediodías o las tardes como alguna vez lo dijo Rush en ‘The Spirit Of The Radio‘:

“Begin the day with a friendly voice
a companion unobtrusive
plays that song that’s so elusive
and the magic music makes your morning mood”

En la era de la playlist digital, de las facturaciones grandes, de los espejismos creados por la plata, es curioso que la música que escogemos para nuestra audiencia sea, más que nunca, independiente del género, lo más importante de todo.


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