Opinión / Para no olvidar

Para no olvidar: Kendrick Lamar – good Kid, m.A.A.d City

Alejandro Marin

Para no olvidar: Kendrick Lamar – good Kid, m.A.A.d City

Kendrick Lamar lanzó ‘good Kid, m.A.A.d City’ hace cinco años.

A los 16 años, un joven Kendrick se escapa de su casa en el carro de su padrastro para cometer el primer robo de su vida, y mientras su tía lo llama desesperada para que devuelva el carro, diferentes cosas suceden, como una competencia de tiro al blanco con otros amigos que creen que tener armas es poseer la virilidad o pegarse la primera borrachera mientras se persigue al primer amor platónico en una fiesta.

Al final de la historia hecha disco, Lamar opta por no robar la tienda y así nace el Rapper más grande del siglo 21. El álbum es, para intentar describirlo en una frase, una pesadilla hecha de sueños, de pobreza, de expectativa, alcohol y adolescencia. Su viaje es mareador porque pasa de oraciones, plegarias y ritos de contrición a ensordecedoras arengas de egocentrismo y frustración. Sus rimas nos han dejado grandes términos coloquiales que han ido universalizándose como el “bitch, don’t kill my vibe”, qué es curiosamente la segunda canción del disco.

En ‘Swimming Pools (Drank)’, Lamar rapea sin respirar un minuto y 20 segundos con la misma placidez, espanto, calma, rigor y misterio con que Sofía Gómez Uribe se gana un campeonato mundial de apnea. Lamar es eso: un campeón absoluto de la apnea lírica, y ‘Good Kid’ es una de las experiencias sonoras más bonitas, aterrorizantes y artísticas de esta segunda década del nuevo siglo, en la que a pesar de las modas del pensamiento colectivo, la igualdad y la búsqueda de un mundo mejor, en Compton, como en cualquier otra gran barriada de alto poder, la música se hace a otro precio, en el que la recompensa puede ser la muerte, la cárcel o la gloria y la aceptación del mundo entero a través del talento desbordante de un niño criado en las profundidades de una Norteamérica inclemente, racista y desigual…

en Compton, como en cualquier otra barriada, pocos salen a flote como Kendrick. Esta es la historia detrás de esa inmersión hacia el oscuro vacío del crimen, y su virtuosa salida a la superficie.

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