Análisis / Conciertos y Eventos

Los Guns en el Atanasio

Alejandro Marin

Los Guns en el Atanasio

Somos un país muy diferente al de hace 25 años. Queramos verlo o no, hemos progresado. Aunque hay evidencias de que nos tomará mucho tiempo arribar a la paz y al progreso que ésta promete, una cosa es este país hoy y otra en 1992. Sin embargo, como todo cambia para quedarse igual, muchas cosas parecen mantenerse intactas; algunas malas y otras buenas, o bonitas, como nuestra pasión por el fútbol y nuestra devoción por Guns N’ Roses. 

Los Guns han cambiado también. Ya no son los flacos y dionisíacos personajes que colgaban, pecadores y decadentes, sobre los techos de las camas de las que son hoy nuestras esposas. Aún así, muchas de ellas reclamaron el reencuentro con dicha fantasía colegial el pasado miércoles, una cita que los Gunners debían a Colombia después de 24 años. 

No son tampoco el tren de desorden, abuso de drogas y de alcohol de los años noventa, legado de la grandiosa era del rock de los setenta; ese pedestal del estrellato reservado para la élite rockera de narcisismo, virtuosismo e irresponsabilidad reservada para Robert Plant, Mick Jagger y W. Axl Rose con sus respectivos secuaces de guitarras. 

La esperada cita se cumplió en Medellín el 23 de noviembre. El reencuentro de 3 de los Guns N’ Roses originales con un público irremediablemente enamorado costó más de 4 millones de dólares por fecha – probablemente más para Colombia, que se peleó ferozmente entre diferentes firmas promotoras de conciertos el codiciado negocio. 

La puntualidad y la generosidad en el repertorio fueron algunos de los cambios evidentes de Axl Rose y su tropa. Los Gunners, que siempre hicieron esperar a sus audiencias, cancelaban shows o los dejaban a medio empezar en sus épocas gloriosas, estaban subidos en tarima a las 9:10 pm, y comenzaron a las 9:15, luego de la fanfarria de ‘Looney Tunes‘ y la música de la película ‘The Equalizer‘, que le dieron un toque caricaturesco y cinematográfico al anunciado regreso. 

 En las imperfecciones del show de Guns N’ Roses yace su belleza. Décadas después de comenzar a hacer rock and roll, los Guns son más artistas que nunca 

Lo que comenzó siendo un veloz viaje en el tiempo hacia 1987 con ‘It’s So Easy‘ y ‘Mr. Brownstone‘ del histórico ‘Appetite For Destruction‘ se evaporó rápidamente en el Atanasio. la velocidad del set se detuvo en seco cuando Axl entró en modo ‘Chinese Democracy‘, una canción homónima de un disco que no es de Guns verdaderamente.

Empatada con ‘Double Talkin’ Jive‘  de ‘Use Your Illusion I‘, ‘Better‘ y ‘Catcher In The Rye‘, expusieron al confundido y contemplativo auditorio las heridas causadas por el ego de Mr. Rose y el daño posterior, cicatrices normales de una vida dedicada a una marca indeleble en la historia del rock. 

Las luces de los celulares en el Atanasio se apagaron y encendieron intermitentes durante los altibajos causados por un repertorio exploratorio de una prolífica carrera, en el que no faltaron los covers ni las referencias cinematográficas, como el audio de ‘Cool Hand Luke’ al inicio de Civil War, ‘Speak Softly Love’ (El Padrino) antes de ‘Sweet Child O’ Mine‘, ‘You Could Be Mine’ de Terminator 2 y ‘Layla‘ de Derek and The Dominos’ (Goodfellas) para arrancar ‘November Rain‘. 

En las imperfecciones del show de Guns N’ Roses en Medellín yace su belleza. Décadas después de comenzar a hacer rock and roll, los Guns son más artistas que nunca, queriendo mostrar lo nuevo, queriendo gozar sus instrumentos, reivindicándose como grupo, como la gran banda de rock and roll, disfrutando el show hasta la última gota de sudor, sin importar en muchas ocasiones la reacción del público, que se mantuvo ferviente y al borde del éxtasis en puntos altos como ‘Don’t Cry‘ adornada por Slash con el buen gusto del rock del pasado y la gloria de ‘Babe I’m Gonna Leave You‘ de Led Zeppelin y ‘Knockin’ On Heaven’s Door‘ de Bob Dylan. Esta última Axl interpretó, como casi todas sus clásicas canciones, sin reproche alguno de la audiencia y con la fidelidad de hace veinte años.

Contratados por una empresa de conciertos recién llegada a la carnicería salvaje de la competencia en el emergente mercado de los espectáculos internacionales en Colombia, la banda presentó problemas de sonido hasta bien entrada la primera hora del show: pitos dolorosos en monitores y un micrófono que nunca terminó de calibrarse bien – el micrófono de Rose , famoso por su espuma roja – contribuyeron a que pudiéramos ver las grietas causadas en el grupo después de años de distanciamiento. 

La inconsistencia de las canciones de ‘Chinese Democracy‘, lejos de ser verdaderos clásicos de la banda y las fatídicas versiones de ‘New Rose‘ y ‘You Can’t Put Your Arms Around A Memory‘ de The Damned y The New York Dolls, hicieron poco para mantener conectados completamente a los oyentes durante las dos horas y 45 minutos del espectáculo y humanizando el repertorio, que reveló a través de la cronología del grupo no solo las cosas bonitas, sino también las malas – y las últimas – que hicieron juntos en ‘The Spaghetti Incident‘. 

Los solos de guitarra de Slash, que ante el espectador son esenciales para la marca Guns N’ Roses – muy alimentada por la imagen de Mr. Hudson como uno de los mejores guitarristas de rock de todos los tiempos – sobraron en ocasiones. Aunque las alabanzas no se hicieron esperar para el británico-americano en una primera muestra de virtuosismo y segregación de testosterona rockera, en la segunda ya la audiencia conocía el truco. Al tercer solo, tanto el virtuosismo como la testosterona habían desaparecido para dar paso al aburrimiento. 

Los Guns, sin embargo, no podían hacer otro show como el que se vivió en el Atanasio. Maximalistas como ninguna otra banda de rock, era imposible que Axl y compañía hicieran solo los hits – así ésta fuera quizá la mejor decisión empresarial que hubiera podido tomarse antes de embarcarse en la gira.

24 años después de haber destruido hoteles y dejar a sus espectadores textualmente “in the cold november rain” en Bogotá, volvieron a Medellín, cumplieron, mostrándose maduros, estadistas de la última gran era del rock, pero no por ello dejaron de ser el espectáculo rebelde que eran hace dos décadas. Ausentes del concierto la indisciplina, el abuso del alcohol y de las drogas, lo que vivimos en Medellín no fue solo una oda a la nostalgia: es también uno de los últimos recitales de rock and roll legítimos que quedan sobre la tierra.


Muchos momentos memorables quedan del concierto de Guns en Medellín, pero se destaca el posterior a la increíble colaboración de Richard Fortus y de Slash en la emotiva versión de ‘Wish You Were Here‘ de Pink Floyd. Un mágico instante en que Dizzy Reed tomó las riendas de la salida de ‘Layla‘ de Derek And The Dominos para abrirle paso a Mr. Rose y sus amigos, y en el que se les perdonaron a los Guns N’ Roses las licencias artísticas de más que se tomaron con nuestro dinero durante el concierto en La Eterna. 

De repente vulnerable y rejuvenecido, Axl se sentó al piano en la mitad de la gramilla del Atanasio, y mientras miraba de verdad por primera vez al público asistente de frente y con los ojos azules llenos de recuerdos, cantó:

“Nothing lasts forever, and we both know hearts can change
And it’s hard to hold a candle, in the cold November Rain” 

Nada dura para siempre. Eso es verdad. Años después, Axl Rose sabe eso. Pero sabe también que nació para cantar esa canción con estos hombres, delante de estas personas, sus fans, los de antes, los de hoy, contradictoriamente, los de siempre. 

Dicha evocación hecha una épica oda de resignación, amor y desamor producen un efecto íntimo, intacto, una conexión ya no 40 mil personas en ese estadio sino con cada uno de los asistentes en sus propios mundos. Los Guns N’ Roses han jugado el juego del rock and roll contra el viento y la marea, contra el inclemente paso del tiempo. 

A través de las peripecias, los malabares y las contorsiones musicales de un show cargado de emociones, Mr. Rose nos deja una lección hecha de rock: ninguno de los presentes se está poniendo más joven. Así que no importa si las canciones que escribiste fueron buenas o malas, o si los amores que tuviste están o no están, siempre y cuando hayas escrito esas canciones, siempre y cuando hayas amado, siempre y cuando hayas hecho las cosas. 

Esta es la vida: una montaña rusa de lo bueno y de lo malo, recuerdos gratos y recuerdos duros, como un concierto de los Guns, con sus genialidades y sus desaciertos; y aunque ni la fama, ni el dinero, ni los amigos, ni el amor parecen durar para siempre, quedará suspendido en el tiempo, en la atmósfera de una Medellín próspera, esperanzada y abierta, para siempre este instante que sabes que estaba hecho para ti; este concierto que te dieron los Guns N’ Roses y que se va contigo adonde vayas, como un signo del destino, así como Axl sabe muy bien que nació para hacer esa canción hasta el final de sus días. 

Ese momento de juventud eterna, de completa vulnerabilidad y de inocencia lo es todo. 

Leave your comment

Related