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LA AVANZADA CANADIENSE: MÚSICA DEL NUEVO MILENIO

Alejandro Marin

LA AVANZADA CANADIENSE: MÚSICA DEL NUEVO MILENIO

Aunque no podemos cerrar el poderoso impacto de la música canadiense a una tendencia particular, sí podemos decir que, mundialmente, Canadá se ha coronado como dueña y señora del pop en los últimos diez años.

El pop, hijo directo del R&B (Rhythm & Blues), es una corriente nativa del midwest norteamericano que comenzó cuando algunas comunidades afroamericanas migraron de Nueva York a estados como Michigan en los años veinte. Es en ese estado, en la ciudad de Detroit –  en la que, 45 años después, apareció Berry Gordy con 600 dólares prestados de su hermana para montar un sello discográfico llamado Motown Records –  donde se daría al R&B esta cualidad que posee todo lo pop: canciones hechas por fórmula y construidas en serie, adaptando el proceso de la famosa ‘Motor Town‘ de ensamblaje de automóviles a la construcción de canciones.

Sospecho que así como los aborígenes, los franceses, los irlandeses y los británicos contribuyeron inmensamente al paisaje musical canadiense, son también claves las fronteras geográficas que comparte Norteamérica en el crecimiento de una escena que, durante el comienzo de los años sesenta, fue predominantemente del midwest estadounidense. Lo que originalmente se destacó como un linaje impecable, nacido en el blues y en la “música racial” interpretada por Marvin Gaye y Smokey Robinson, ha mutado, con la ayuda del vecino país, en una influencia vasta y duradera en la música pop del mundo.


Pero no siempre la música canadiense estuvo dedicada exclusivamente a esta propagación desproporcionada del R&B y de las tendencias urbanas. La presencia de Joni Mitchell, de Leonard Cohen y de Neil Young en el panorama hippie, en el verano del amor californiano de 1967 y en la sensibilidad posterior al movimiento literario conocido como Beat,  fue clave en el despertar político y social de la década.

Young y Mitchell, por supuesto, participaron de dichos movimientos activa y directamente, por lo que poco se habla de sus orígenes, pero ambos vecinos de la hegemónica presencia estadounidense dejaron huellas que, al día de hoy, se sienten profundamente en el camino de sus sucesores: Mitchell se quedó con uno de los himnos de protesta más grandes de comienzos de los setenta – Big Yellow Taxi – y este himno alimentó a su vez la esperanza de la generación X con su versión de los Counting Crows a comienzos del nuevo milenio.

Por su parte, Young fue parte de uno de los colectivos más importantes y notorios de las hermosas épocas: Crosby, Stills Nash & Young. Recientemente, ha sido un incansable emprendedor de tecnología y defensor de los derechos de los artistas y del sonido de alta calidad.

Canadá es el sexto mercado de música en el mundo. Equipado con una poderosa infraestructura para el desarrollo de la música en vivo, se destaca además históricamente por haber sido un territorio pionero en el desarrollo de la partitura como instrumento clave del desarrollo del derecho de autor basado en la composición de canciones. Se entiende que desde 1605 los canadienses tranzan y negocian con sus canciones.

De la tradición compositiva a la interpretativa y a sus vínculos muy estrechos con el vaudeville se deriva una cercanía especial a la sensibilidad del pop como fenómeno masivo. A mediados de los noventa, Canadá dio a las figuras femeninas más importantes de la era del disco compacto: Shania Twain es, hasta el momento la cantante que más discos ha vendido en la historia (85 millones). Celine Dion es representante fiel de aquella época de variedades de finales del siglo diecinueve y comienzos del veinte, y una poderosa marca personal avaluada en 630 millones de dólares; su canción ‘My Heart Will Go On‘, banda sonora de la película TITANIC, es quizá una de las canciones de pop de mayor exposición en la historia.

 

En lo alternativo, los canadienses también han gozado de constante éxito y reconocimiento globales. Cohen, quien falleció a finales de 2016, es una de las grandes ausencias poéticas y líricas de la historia, pero su influencia fue grande en las corrientes noventeras, y su nombre usado por Kurt Cobain como referencia en la canción ‘Pennyroyal Tea‘. Su canción ‘Hallellujah‘, una oda profunda a la soledad sumergida en el romanticismo y la bohemia, alcanzó niveles inmortales en la voz del fallecido Jeff Buckley. Jagged Little Pill de Alanis Morissette ha vendido más de 33 millones de álbumes a la fecha, haciéndolo uno de los discos más vendidos de la década de 1990. Sarah McLachlan, baladista también de la era alternativa, es crucial en el desarrollo del talento femenino mundial, al haber concebido el primer festival musical de mujeres, ‘Lilith Fair‘, en 1997, y que agrupó a figuras como Tracy Chapman, Sheryl Crow, Suzanne Vega y muchas más. El festival, que se produjo entre 1997 y 1999 y se retomó una última vez en 2010, recaudó 10 millones de dólares que fueron donados a la caridad.


EL REGRESO AL R&B Y EL PODER DEL URBAN

Con la llegada del nuevo milenio y el acceso a la banda ancha, aparecen nuevos artistas que convierten a Canadá en una potencia no solamente musical, sino de la industria de lo cool. Este artículo comenzó hablando de la migración del R&B a tierras canadienses en la segunda mitad del siglo veinte, pero no es sino hasta entrada la segunda década del siglo veintiuno que dicha entrada rindió frutos.

 

El primer gran fenómeno global del nuevo milenio es Justin Bieber: nacido en YouTube y apadrinado por Usher, el ‘Biebs’ se ha reinventado de estrella adolescente a un intérprete de música grabada excepcional. Su carrera y su vida, expuestas ambas por completo, han sufrido transformaciones y altibajos. De hacer pequeñas canciones bien fabricadas de pop para niñas, Bieber pasó a explorar el mundo del EDM de la mano de Diplo y Skrillex, y con su aparición en 2014 en el Ultra Music Festival de Miami, dio rienda suelta a una avalancha de éxitos, construidos en su mayoría sobre la base del R&B, pero adaptado a los gustos de una nueva generación cercana a la electrónica comercial.

Con la destreza notoria de los canadienses para grabar canciones, Bieber recientemente rompió el récord de los Beatles de permanecer la mayor cantidad de semanas en el top 5 de la popularidad en Billboard, (13 semanas). Su participación en ‘Despacito“, el éxito global de Luis Fonsi y Daddy Yankee, consolida a la canción como una poderosa entrada a la radio anglo con 337 millones de reproducciones en YouTube, y agregando así más views a las más de 2 mil millones de reproducciones del video original en dicha plataforma.

 

En el urban, la estrella a seguir desde su aparición en 2010 es Drake, quien con discos como Take Care y su más reciente playlist More Life le ha dado vida nueva a un mercado que se miraba escépticamente desde la debacle de los discos compactos a manos de lo digital: el mercado de las canciones. Al igual que el R&B de los sesenta que muy seguramente inspiró este ritmo de trabajo y de consumo, acelerado por la tecnología del streaming. El 27 de marzo de este año, More Life ingresó completamente al listado del Hot 100 con 22 canciones, sumando a un total de 154 canciones previas incluidas en el listado norteamericano en el transcurso de 7 años.

Drake, una estrella de televisión famosa por la serie ‘Degrassi: The Next Generation‘ es uno de los grandes evangelistas de un hip hop moderno, un compositor prolífico, veloz y audaz, y un gurú del trap y del dancehall en esta década. Su influencia es grande en todos los mercados, pero sobre todo en el latino, donde artistas como J Balvin ven en su cadencia, estilo y creatividad para la música a un referente ineludible.

¿No les parece simbólico que el único que haya logrado quitarle el número a “Hello” de Adele haya sido Justin Bieber, y que lo haya hecho con una canción llamada “Sorry”?

Y para cerrar, una historia de un joven como Abel Tesfaye, alias ‘The Weeknd’, cuya primera grabación, House Of Balloons fue propagada por la plataforma Tumblr y convertida rápidamente en uno de los fenómenos virales indiscutibles del nuevo milenio. Nacido en el underground, explorador del romance millennial, de las frustraciones y de las más oscuras fantasías de una nueva generación, The Weeknd pasó de ser un artista de mixtapes a convertirse en el intérprete más grande del R&B desde Michael Jackson. (Hay que tener en cuenta también que la canción póstuma de Michael Jackson, su última canción, editada en su disco Xscape, de 2014, fue escrita por un canadiense: Paul Anka).

A mitad de diciembre de 2015, 7 de 10 canciones que sonaban en la radio y que marcaban las tendencias y los grandes números en el pop eran interpretadas por canadienses. Drake, The Weeknd, Justin Bieber, Shawn Mendes y Alessia Cara hacen parte de una presencia poderosa de pop, de hip hop y de R&B, mientras que djs como Kaytranada giran incansablemente el circuito festivalero y sorprenden con sus habilidades y sobre todo, una prolífica y casi que fácil forma de producir canciones al ritmo desenfrenado de la tecnología, pero con el cuidado, el aprendizaje y la ósmosis que siglos de cultura en Canadá han podido otorgarles.

No es para nada irónico, pero sí un poco simbólico, que el único que haya logrado quitarle el número 1 a Adele con “Hello” haya sido Justin Bieber, y que asumamos, como una coincidencia, de característica ingenuidad y virtud canadienses, que lo haya hecho con una canción llamada “Sorry“.

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