EL HOMBRE QUE DEMANDÓ A SPOTIFY

En el camino de la disrupción dentro del negocio de la música, el pago de regalías sigue siendo clave para avanzar. 

En 1994, la banda Cracker alcanzó su nivel más alto de popularidad con la canción ‘Low‘, todo un éxito de la era alternativa. Veintitrés años después de la era de MTV y de la venta de discos, el cantante de Cracker, David Lowery, ha pasado de ser una estrella del post-grunge a convertirse en uno de los activistas políticos y legales más importantes de la era del streaming.

Lowery, quien actualmente es cantante y compositor del grupo de rock Camper Van Beethoven (además catedrático y conferencista de la Universidad de Georgia), presentó una demanda colectiva por 150 millones de dólares en 2015 contra Spotify. El cantante alegó que tanto el pago de sus regalías como el de un puñado de músicos independientes, han sido comprometidas y remuneradas injustamente.

El servicio de streaming sueco debió negociar con Lowery por fuera de la corte un monto de 43 millones de dólares. Esta es la primera demanda que gana una persona en nombre de un grupo de artistas independientes, una demanda que no sólo buscaba dinero sino que “se trabaje colaborativamente para mejorar el recaudo de información sobre los dueños de las composiciones, para garantizar que dichos propietarios reciban el pago de sus regalías en el futuro”.

Spotify, que está revolucionando al mundo de la música y que recientemente publicó resultados de 150 millones de usuarios, 50 millones de suscriptores y pérdidas por 610 millones de dólares, agrega a su lista de deudas por saldar ésta en particular.

Sin embargo, en el camino de la disrupción dentro del negocio de la música, el pago de regalías sigue siendo clave para avanzar.  Esta es una conversación con el activista Lowery sobre los beneficios del streaming, los obstáculos y las consecuencias que acarrea esta decisión de la corte para los artistas a nivel mundial.


¿Cómo funcionó la demanda contra Spotify? 

LOWERY: No sé si tengan esto en Colombia, pero en Estados Unidos la llamamos una Class Action Lawsuit (una demanda colectiva). Es cuando usted va a una corte y dice que hay un grupo de gente que tiene un asunto financiero pendiente con cierta compañía. Y sin importar que ese grupo de personas que se junta esté peleando por una cantidad pequeña de dinero – sean cinco, diez o cuatrocientos dólares -, usted le dice al juez que hay una clase de gente que debe proteger y por la que debe solucionar. Yo llevé esta demanda contra Spotify porque parece que este grupo social de artistas no había recibido una remuneración por la reproducción de sus canciones, y sus canciones no se habían licenciado apropiadamente. Las compañías editoras grandes ya han negociado con Spotify, pero aún existe una gran clase de compositores que no ha sido remunerada.

 

¿Esto es bueno para los servicios de streaming? 

LOWERY: Lo es, porque hasta que se presentó la demanda, no existía un método efectivo de licenciamiento de esas canciones pertenecientes a artistas independientes. Y aunque muchos de ellos no estén ganando o no vayan a ganar mucho de los ingresos obtenidos por Spotify como parte de esas reproducciones – puede ser mil dólares, puede ser más que eso, en mi caso -, era importante negociar.

 

¿Hay una solución al problema? 

LOWERY: Al final del día, sí la hay. Esto no es tan antagonista como parece ser. Hay una solución justa. Eso esperamos.

 

¿Funciona bien el congreso estadounidense protegiendo estas economías?

LOWERY: No mucho. Nuestra oficina de derecho de autor no tiene un líder verdadero en el congreso, y su representación allí no es muy poderosa, porque juegan un papel como asesores, no como legisladores. Esto es, sin embargo, lo único que tenemos y por eso fue importante embarcarse en este proceso legal.

 

 

¿La radio paga o pagaba mejor que Spotify? 

LOWERY: Depende. Porque es muy difícil saber, cuando una canción suena en la radio, cuántas personas la están oyendo. Pueden ser mil quinientas, pueden ser un millón. Es duro sacar esa estadística desde la radio. Yo hice una prueba con mi canción ‘Low’, por tamaño de audiencia, para evaluar más o menos cuánto deben estar pagándome por cada reproducción. Pandora, por ejemplo, me paga el setenta por ciento de lo que paga la radio en FM. Pero en Colombia, y en otros países en el mundo, se le paga al intérprete por la rotación de esa canción, al igual que al compositor. En Estados Unidos no le pagamos al intérprete. La radio en FM no es una buena comparación porque tampoco paga tan bien. Si usted está hablando de quién paga mejor, la radio le paga mejor a los compositores. Spotify es más retador porque, está bien que le paguen a los intérpretes, pero para el compositor siempre va a ser la mitad.

 

Desde su perspectiva académica, ¿qué ve usted? ¿Cómo ve a los nuevos artistas? ¿Mejores que la generación nuestra? 

LOWERY: Es un reto. Creativamente, es una muy buena época porque es muy fácil para estos alumnos conocerse entre ellos, hacer “networking” y encontrar música desconocida. Hay una escena musical global. Uno puede tener una banda en Quito, Ecuador, colaborando con una banda de aquí, y esa banda puede estar a su vez colaborando con una en Lagos, Nigeria… así que creativamente es muy interesante. Hay mucha música sucediendo. Pero asumo también que parte de lo que me quiere preguntar usted es si financieramente estamos bien. Y es un reto. Hay un pesimismo que tengo sobre el tema. Veo muchos artistas jóvenes, saliendo a tocar y haciendo algo de dinero. Pero estarían haciendo mucho más dinero si hubieran aparecido en los ochenta y en los noventa. Dinero de las ventas versus el streaming. De pronto no habrían hecho muchísimo dinero, pero sus vidas probablemente serían más cómodas.

 

Lo entiendo. Pero no creo que haya cómo devolverse, ¿no? 

LOWERY: No hay cómo. Y es por esa razón que hay que ver todo lo que está pasando mucho más como un asunto laboral. Como cuando los trabajadores de los ferrocarriles hicieron huelga contra las empresas ferroviarias en los Estados Unidos en el siglo diecinueve: no estaban contra los ferrocarriles y las carrileras, sino que querían que les pagaran mejor. Así es como deben enmarcar el debate, en especial los compositores. Necesitan que les paguen mejor. Y no todo está mal. Eso es algo que también debe entender la gente. Cuando los artistas se quejan del streaming y de la tasa de pagos que están recibiendo de este tipo de reproducciones en línea, usualmente están hablando de la porción que está destinada a los compositores. Y estamos hablando de la discrepancia que existe entre los pagos resultantes de los servicios como YouTube, que están respaldados en la publicidad, versus los servicios de streaming por suscripción. Es muy diferente. A uno le pagan mucho más por ese modelo de reproducción por suscripción: pagan más por los servicios como Spotify o Apple Music o Tidal, que por los servicios que tienen publicidad. Es casi diez veces más. Y creo que desde una perspectiva laboral, hay que educar al consumidor y hacerle saber que si está pagando por un servicio, los artistas serán compensados mucho mejor.

“La lucha de ser independiente es genial, pero si existiera una manera de recuperar esa ausencia de cinco o seis meses y trabajar en nueva música, música genial… Extraño eso.”

 

Los sellos discográficos grandes también están siendo muy enfáticos sobre el tema de la suscripción. El CEO de Universal Music Group, Lucian Grainge, ha sido muy insistente con que los servicios de streaming conviertan a todos los usuarios gratuitos hacia la suscripción…

LOWERY: Eso es sorprendente, y está bastante bien que Lucian Grainge haga ese tipo de solicitudes, porque personas como yo, que escriben a favor de los derechos de los artistas, no estamos siempre de acuerdo con los sellos discográficos; parecería que tuviéramos algunos intereses cruzados en estos momentos. Es muy complicado, de todos modos. Si yo miro mi catálogo en los servicios de streaming, en particular el catálogo de Cracker, que consiste de por lo menos cinco canciones que sonaron duro en la radio de éxitos, y que hoy en día suenan todavía, el pago que obtengo por esas canciones es más o menos lo que esperaría. Pero si usted es un artista independiente, como lo es mi banda Camper Van Beethoven, no funciona tan bien porque el streaming reemplazó las ventas de álbumes. Aún dentro de mi catálogo puedo tener un par de opiniones distintas, dependiendo qué sombrero me ponga para ver las condiciones. Obviamente estos servicios están aquí para quedarse, no importa quién vaya a quedar al final. Como consumidor, me encantan los servicios de streaming. Puedo por ejemplo, buscar artistas colombianos y encontrar una gran oferta de artistas…

 

Claro, pero cuando empieza a mirar de cerca esa oferta, ¿no se da cuenta que la mayoría de esos artistas colombianos están firmados con grandes casas discográficas? 

LOWERY: Así es.

 

Y uno pensaría que finalmente ser independiente es luchar contra ese mercado homogéneo con toques, vendiendo el merchandising en esos toques, mandando a hacer el vinilo, apostarle a la independencia. ¿No se trata de eso el ser independiente? 

LOWERY: Hasta cierto punto. Esa es definitivamente una gran parte de ello. Por ejemplo, con Camper Van Beethoven, no creo que hubiéramos logrado vender tantos discos hoy en día como lo hubiéramos hecho en la época en que se vendían. Miremos los viejos tiempos por un minuto: Una de las cosas que pasaban como artista independiente es que me iba  de gira, hacía algo de dinero en el camino y a eso le seguían nuestras ventas de discos. Así que se producía un ciclo por medio del cual había tiempo para volver a casa, comenzar a trabajar en nuevas canciones, grabarlas con la plata de las regalías producidas por los discos y volver a ir de gira. Eso significaba sacar álbumes con más frecuencia. Y por eso no estábamos siempre de gira. Jimmy Iovine de Apple estaba hablando de eso puntualmente: que extraña que los artistas no puedan detenerse y trabajar en sus cosas durante un año. Como Neil Young, que se iba para algún pueblo perdido en el norte de Ontario y se guardaba con su banda durante un año y hacía estos maravillosos álbumes.
La lucha de ser independiente es genial, pero si existiera una manera de recuperar esa ausencia de cinco o seis meses y trabajar en nueva música, música genial… Extraño eso. Mi generación tuvo eso. No sé cómo recuperarlo, pero me gustaría que regresara.

 

¿Sabe qué me preocupa de todo el asunto de Spotify? Que al principio, cuando empezaron a meterse en el mercado norteamericano, hablaron mucho de ser una oportunidad para el descubrimiento. Pero cuando uno mira las listas grandes de Spotify, se da cuenta que hay un control muy grande por parte de las casas discográficas porque casi todas las canciones de sus listas más grandes son de esos sellos discográficos. Pero uno sabe también que eso es, al final de cuentas, lo que la gente está escuchando por demanda popular. Lo que sucede es que uno no ve mucho descubrimiento verdadero sucediendo allá adentro. 

LOWERY: Esa era la promesa y no se ha cumplido. ¿Y usted sabe que los grandes sellos han comprado muchas de esas playlists?

“Hay música allá afuera que no sé si debería gustarme”

Sí, sí lo sé. 

LOWERY: De hecho, son dueños de esas playlists en muchas ocasiones. Es como la payola en los noventa.

 

Pero no debería ser preocupante, porque soy un firme creyente de que todo cambia para quedarse igual, y que en este caso, el pop siempre ha sido pop, sin importar la época, y ha estado ahí para atraer a las masas, mientras que a un artista real, independiente, le toma mucho más tiempo alcanzar cierto nivel de reconocimiento o por lo menos conocimiento… Pero no deja de ser preocupante que Justin Bieber esté tan presente en todas esas listas, sin ánimo de hablar mal de él, pero entendiendo que hay tanta música en esos servicios, ¿sabe?

LOWERY: De hecho, nosotros en mi clase estuvimos viendo los listados globales y luego vimos el mercado estadounidense, el británico, y luego vimos Sudáfrica, Bolivia, los Emiratos, y la variación era muy pequeña.

 

 

¿Usted cree que los servicios de streaming se van a quedar con el negocio de la radio? 

LOWERY: Sí. Los veo quedándose con el negocio de la radio. Aunque… No lo sé… Hay algo que pasa con la radio que no pasa con los servicios de streaming tan efectivamente y es que seleccionan la música que ponen, según el formato. Y muchas veces, como usuario, no quiero escoger yo la música.

 

¿Muchas veces cuánto? 

LOWERY: Yo diría que la mitad de las veces, quiero que alguien escoja la música por mí. Quizá la radio se transforme con el tiempo. Pero no creo que los algoritmos logren superar la curaduría humana. Además, hay música allá afuera que no sé si debería gustarme. Y siento que en la música, un curador es esencial.

 


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